La segunda jornada del Camino Inglés ha llevado hoy a nuestros peregrinos desde Pontedeume hasta Betanzos, una de las etapas más exigentes de toda la ruta. Las continuas subidas y bajadas han puesto a prueba las fuerzas del grupo, pero también han sacado a relucir lo mejor de cada uno.
Desde primera hora de la mañana, los jóvenes afrontaron la etapa con ilusión y ganas de superarse. El cansancio fue apareciendo con el paso de los kilómetros, pero nunca faltaron las palabras de ánimo, las esperas en los cruces, las botellas de agua compartidas y las conversaciones que hacen que el camino se recorra siempre mejor en compañía.
La reflexión del día invitaba a mirar la mochila. No solo la que llevamos sobre los hombros, sino también la que cada uno carga en el corazón. El cuaderno del peregrino recordaba que el Camino nos enseña a distinguir entre lo esencial y lo que pesa demasiado, porque “no puedes llevar toda tu vida a cuestas” y aprender a soltar también forma parte de la peregrinación.
Al llegar a Betanzos, el cansancio era evidente, pero todavía más visible era la satisfacción de haber conseguido completar una etapa tan exigente. Muchos confesaban no imaginar que serían capaces de recorrer tantos kilómetros con ese desnivel, descubriendo que, cuando el esfuerzo se comparte, las metas parecen mucho más cercanas.
La jornada continuó con un paseo por el casco histórico de Betanzos y la celebración de la Misa del Peregrino, un momento para agradecer el camino recorrido y renovar las fuerzas para las etapas que aún quedan por delante.
Porque el Camino sigue enseñándonos, paso a paso, que las mayores conquistas no siempre son llegar antes, sino aprender a caminar juntos.
