La meta era Santiago. El regalo ha sido el Camino.
Nuestros peregrinos han completado hoy la última etapa del Camino Inglés, recorriendo los últimos kilómetros entre Sigüeiro y Santiago de Compostela.
La emoción se respiraba desde primera hora de la mañana. Después de varios días de convivencia, esfuerzo y superación, la silueta de las torres de la Catedral fue apareciendo poco a poco, recordando a todos que la meta estaba cada vez más cerca.
La entrada en la Plaza del Obradoiro fue un momento difícil de describir con palabras. Abrazos, sonrisas, fotografías y muchas miradas que reflejaban el orgullo de haber llegado hasta Santiago después de tantos kilómetros compartidos.
Como peregrinos, participaron en la Misa del Peregrino, dando gracias por todo lo vivido durante estos días y poniendo en manos de Dios todo lo aprendido en el Camino.
Después, los peregrinos disfrutaron de un tiempo libre para recorrer las calles de Santiago y compartir la comida en pequeños grupos, descubriendo el encanto de una ciudad que, desde hace siglos, recibe a miles de peregrinos llegados de todo el mundo.
La jornada concluyó con una dinámica de cierre cargada de emoción. Fue el momento de mirar atrás, recordar las experiencias vividas, agradecer a los compañeros el camino compartido y tomar conciencia de que esta peregrinación ha dejado una huella profunda en cada uno de ellos.
El cuaderno del peregrino recordaba estos días que la verdadera meta no está únicamente en la Catedral, sino en la transformación que Dios va realizando en cada corazón durante el Camino.
Y quizá esa haya sido la mayor conquista de esta peregrinación.
Porque llegar a Santiago era el objetivo.
Pero descubrir que nunca caminamos solos ha sido el verdadero regalo.
Gracias a todas las familias por su confianza y al equipo de monitores, coordinadores y logística por hacer posible una experiencia que, sin duda, permanecerá en el corazón de nuestros jóvenes durante muchos años.
¡Ultreia et Suseia!
