La tercera jornada del Camino Inglés ha llevado hoy a nuestros peregrinos desde Betanzos hasta el embalse de Beche, una etapa en la que el paisaje gallego ha acompañado cada uno de los pasos del grupo.
A medida que avanzan los días, el Camino va dejando de ser únicamente un recorrido para convertirse en una auténtica escuela de vida. Los kilómetros se acumulan, las piernas comienzan a notar el esfuerzo y las conversaciones adquieren una profundidad distinta. El grupo ya camina con un ritmo compartido, aprendiendo que la mejor forma de llegar es hacerlo juntos.
La reflexión propuesta para esta jornada invitaba a mirar la propia historia. Igual que el peregrino recorre senderos, puentes y bosques, cada persona va construyendo su vida paso a paso. Mirar atrás no significa detenerse, sino reconocer todo lo vivido y descubrir cómo cada decisión nos ha traído hasta aquí.
La llegada al embalse de Beche puso el broche a una jornada marcada por el compañerismo y la superación. Allí, rodeados por la tranquilidad del entorno, nuestros jóvenes pudieron descansar y contemplar cómo, poco a poco, Santiago comienza a sentirse más cercano.
Cada etapa nos acerca a la meta, pero también nos recuerda que el verdadero Camino es el que Dios va haciendo en el corazón de cada peregrino.
