La Pascua Joven 2026 ya ha comenzado bajo un lema que marcará cada uno de estos días: “El sí que cambió la historia”. Los primeros momentos de esta experiencia, vividos entre el colegio y la llegada a San Juan de los Terreros, han puesto a los jóvenes ante una pregunta decisiva: qué espacio ocupa hoy Dios en nuestra vida y hasta dónde estamos dispuestos a decirle que sí.
El Miércoles Santo arrancó en el colegio con una primera propuesta muy clara: mirar el corazón y descubrir de qué cosas lo tenemos lleno. A través de la dinámica “The Next Level”, los jóvenes se adentraron en una lógica muy presente en el mundo de hoy: la necesidad de destacar, de acumular habilidades, de construir una imagen fuerte y exitosa que nos haga sentir importantes ante los demás. Poco a poco, aquella tarde fue mostrando que unas manos demasiado llenas acaban sin espacio para lo esencial.
Después del juego llegó el momento de la reflexión, primero por grupos y después en común. Cada uno pudo reconocer qué le aporta aquello que acumula, qué le costaría más soltar y qué peso lleva encima sin darse cuenta. La noche fue avanzando hacia un gesto muy fuerte de vaciamiento: dejar caer, romper o quemar aquello que representa el orgullo, la autosuficiencia o la necesidad de control. No como un simple símbolo externo, sino como un acto interior de apertura.
La oración final del día condujo a los jóvenes hasta Nazaret, contemplando el sí de María y la acogida confiada de José. Allí se hizo visible que el sí que cambió la historia no nació del poder ni del éxito, sino de un corazón disponible. María no estaba llena de sí misma, sino abierta a Dios. También José tuvo que renunciar a sus planes, a su lógica y a su seguridad para dejar entrar el misterio. Así comenzó esta Pascua: con las manos más libres, el corazón más dispuesto y la invitación a descubrir que solo cuando uno se vacía de su ego puede convertirse en espacio para el Amor.
El Jueves Santo, tras el viaje y la llegada a Terreros al mediodía, la Pascua continuó dando un paso más. Si el miércoles había sido el día de hacer espacio, el jueves se convirtió en el día de contemplar el sí más complicado: el sí de Jesús, que se entrega hasta el extremo.
La tarde comenzó con una dinámica en torno al templo que ayudó a los jóvenes a tomar conciencia de cuántas distracciones llenan nuestra vida cotidiana y de lo difícil que resulta entrar de verdad en lo que estamos viviendo. Fue un momento importante para recentrarse, dejar a un lado lo superficial y preparar interiormente la celebración de los oficios.
Ya por la tarde, la comunidad vivió los Oficios de Jueves Santo, centrados en la Eucaristía, el servicio y el amor llevado hasta el extremo. El gesto del lavatorio de los pies fue especialmente elocuente: Jesús no ama desde arriba, sino de rodillas. El Maestro se inclina, sirve y enseña que el amor verdadero no busca imponerse, sino entregarse.
Más tarde, la experiencia de la Última Cena permitió entrar de forma mucho más viva en el sentido de aquella noche. El pan, la copa, las hierbas amargas, la memoria de la Pascua judía y la mesa compartida ayudaron a comprender que Jesús no solo recuerda la liberación antigua, sino que inaugura una alianza nueva. En esa cena, el pan partido y la copa compartida se convierten en el signo de un sí total: sí a quedarse, sí a darse, sí a amar hasta el extremo.
La jornada culminó en Getsemaní, en un clima de silencio, profundidad y oración. Allí, a la luz del Evangelio, los jóvenes pudieron contemplar a Jesús en su angustia, en su lucha interior y en su fidelidad al Padre. Fue un momento especialmente intenso, porque permitió unir el sí confiado de María en Nazaret con el sí doloroso de Jesús en el huerto. Uno abrió la puerta de la salvación; el otro la sostuvo en la noche más oscura. También los jóvenes pudieron poner nombre a sus propias noches, a las horas no elegidas, a lo que pesa por dentro y a aquello que cuesta aceptar, dejándolo todo a los pies de la cruz.
Estos dos primeros días de Pascua han marcado ya con fuerza el camino que estamos recorriendo. Del corazón lleno al corazón disponible. De Nazaret a la mesa. De la mesa a Getsemaní. Del sí humilde de María al sí tembloroso y firme de Jesús. Así ha comenzado esta Pascua Joven 2026: como una invitación a dejar espacio a Dios y a descubrir que solo su amor puede cambiar verdaderamente la historia.
