Convivencia de Cuaresma de jóvenes somascos en El Espinar
Este fin de semana un grupo de jóvenes vinculados a las obras somascas ha participado en una convivencia de Cuaresma celebrada en El Espinar, bajo un lema que ha acompañado todo el camino espiritual del encuentro: “Remar juntos hacia la orilla”.
La convivencia ha querido ser un pequeño retiro en medio del ritmo acelerado de la vida cotidiana. Un tiempo para detenerse, hacer silencio y volver a escuchar las preguntas más profundas del corazón.
A lo largo del fin de semana los jóvenes han recorrido un itinerario espiritual inspirado en el Evangelio: reconocer los propios desiertos, descubrir la sed que habita en el interior de cada persona y volver juntos hacia la orilla, ese lugar donde Cristo sale al encuentro de sus discípulos.
En el Evangelio de Juan se narra cómo los discípulos, después de una noche de esfuerzo y cansancio, regresan con las redes vacías. Han remado durante horas sin saber muy bien hacia dónde iban. Pero al amanecer descubren que Jesús ya está en la orilla esperándolos.
Muchas veces nuestra vida se parece a esa barca.
Remamos mucho.
Nos esforzamos.
Buscamos respuestas.
Y, sin embargo, el Evangelio nos recuerda que no estamos llamados a remar solos.
Durante estos días los jóvenes han vivido momentos de oración, silencio, ruta en la naturaleza, celebración de la Eucaristía, adoración eucarística y el sacramento de la reconciliación, creando un espacio donde poder mirar la propia vida con profundidad y dejarse encontrar por Dios.
La convivencia coincidió además con una fecha muy significativa para la familia somasca: el 98º aniversario de la proclamación de San Jerónimo Emiliani como patrono universal de la juventud. Un reconocimiento que la Iglesia concedió en 1928 al santo de Somasca por su amor y dedicación a los jóvenes.
Su testimonio sigue recordándonos hoy que el corazón de los jóvenes es tierra sagrada, y que acompañarlos en su camino es una misión esencial para la Iglesia.
El lema de la convivencia resume bien lo vivido durante estos días:
Remar juntos no significa remar perfecto.
Significa no remar solos.
Porque incluso cuando las redes parecen vacías y el cansancio pesa, el Evangelio nos recuerda una certeza que cambia toda la historia:
Cristo sigue esperando en la orilla.




















